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Carlos Romero. Rinlo. Fue durante un día caluroso de agosto de hace ya unos cuantos años. Una marejada limpia golpeó el cantábrico y Carlitos se cogió esta bomba, fue un día fantástico.


Galicia. El labio cayendo y protegiéndonos del sol con un codo perfecto para entubarse, volar o lo que pida la imaginación.


Andrín. Ya han pasado más de diez años desde que la surfeásemos por primera vez. Un lugar precioso que ha dado muy buenos momentos para el bodyboard. Una de mis preferidas en Andrín es este aéreo de Jon López justo en el punto donde se cruzaron dos olas muy potentes.


Tahiti. Le Point era el lugar donde cada tarde Elías acudía para despedir el día y beberse una Hinano bien fría. Era cuando en vez de repasar los tubos del día en Teahupoo se sentaba cara al sol y se acordaba de su novia, su familia y amigos y, a su manera, lo compartía con ellos. Un año surfeando las mejores olas del mundo tiene también su precio.


The Box. Australia. Era un día clásico en The Box, glassy, limpio y con surfistas locales. De repente, así como de la nada surgió una serie mucho más grande que las demás, todos estábamos descolocados menos un local que aprovechó su sabiduría.


G-Land. El campeón mundial Paulo Barcellos en G-Land. Indonesia.


El asturiano Elías Suárez en el corazón de Teahupoo.


Sonrisas tímidas del caribe. Barbados. Viajar y conocer a toda clase de personas y lugares es de las mejores cosas que le han podido suceder al hombre moderno.


Tubo profundo de Chicho en Xagó. Un rider con mucho estilo.


Tamega y Kingy. Durante las fiestas nocturnas del campeonato de Sintra, Tamega escenifica su rabia sana con Kingy.


Hugo Suárez ha sido uno de los bodyboarders asturianos más influyentes. Sus bottom turns pasarán a la historia del bodyboard asturiano y nacional.


Rincón escondido en la salvaje costa de Tasmania.

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